LA LITERATURA ESPAÑOLA TRAS LA GUERRA CIVIL:
LOS AÑOS CUARENTA Y CINCUENTA
El fin de la guerra civil, 1939, supone una
ruptura cultural, una gran corte intelectual. A partir de entonces en España se
crean dos literaturas: al del exilio y la del interior, que prácticamente
vivirán incomunicadas casi hasta los años sesenta. La poesía es quien más sufre
esta ruptura ya que existía, como hemos visto, un grupo de poetas los del
veintisiete que ya habían publicado importantes libros y casi todos ellos
eligen el exilio.
Es curioso constatar cómo algunos de los
fenómenos que aparecen en la post guerra ya se daban en los años anteriores a
la contienda: adopción de formas métricas tradicionales, como el soneto (Lorca,
Alberti, Gerardo Diego, Luis Rosales), o la aparición de la poesía religiosa
(recordemos la revista alicantina El Gallo Crisis, donde empezó a escribir
Miguel Hernandez). A partir de 1939 se produce un empobrecimiento de esta rica
tradición poética y la poesía de esos años podemos caracterizarla por la
aparición de temas sacros o heroicos y por el alejamiento de las corrientes
extranjeras, tan presente hasta entonces.
Los hitos más importantes son la aparición de
la revista Garcilaso (1943), que defiende una poesía neoclásica, intimista y
nacionalista aunque encontramos en ella dos tendencias, una que aboga por la
poesía pura, el arte por el arte y otra que apoya una poesía lírica. La revista
se caracterizó por su retórica trasnochada y por su insistencia en formas
clásicas, como el soneto. El miembro más representativo de este grupo fue José
Agustín Goytisolo vio así a estos "garcilasistas":
En 1944, un año importante porque Vicente
Aleizandre publica "Sombra del paraíso", Luis Cernuda "Como
quien espera el alba" y Dámaso Alonso "Hijos de la ira". Libro
de poesía existencial y de crítica social, antecedentes de la posterior poesía
comprometida. Con poemas tan importantes como el inicial "Insomnio".
En la novela, los vencedores rompen con la
tradición anterior. Podemos considerar que la historia de la Novela Española de
la post guerra se inicia en 1942 con la publicación de "La familia de
Pascual Duarte", de José Cela. Al igual que "Hijos de la ira",
dicha novela pone de manifiesto lo más sórdido de la sociedad española del
momento. Es una narración con reminiscencia clásicas en su estructura y
procedimientos narrativos y tiene una clara relación con la picaresca. La obra
cuenta facilita su existencia. Esta novela fue calificada de
"tremendista", término que inventó
Antonio de Zubiaurre y que designaba al nuevo
estilo realista "que acentuaba las tintas negras, la violencia y el crimen
truculento, episodios crudos y a veces repulsivos, zonas sombrías de la
existencia… respecto al lenguaje desgarro, crudeza y, en alguna ocasión, una
cierta complacencia en lo soez".
En 1945, Carmen Laforet obtiene con
"Nada" el primer Premio Nadal. La crítica de la época lo elogió mucho
(Ignacio Agustí: "un gran libro", "un libro oportuno, de una
oportunidad asombrosa"). La novela cuenta las andanzas de una joven,
estudiante en la Universidad de Barcelona, en los primeros años de la post
guerra, que convive con unos familiares desquiciados por la contienda. Así como
sus intentos de evasión, al relacionarse con sus compañeros de estudios, lo que
nos muestra un contraste de vidas y la final insatisfacción de la protagonista,
Andrea. Esta obra habría que vincularse tanto al Existencialismo como al
Neorrealismo, tan en boga en aquellos años en Europa.
Al comienzo de los años cincuenta aparecen
cuatro preciosas novelas. En 1951, Rafael Sánchez Mazas publica "La vida
nueva de Pedrito de Andía", que narra los años escolares y los amores
infantiles de un hijo de la burguesía vasca de comienzos de siglo. Ese mismo
año su hijo Rafael Sánchez Ferlosio publica "Alfanhuí", una extraña
novela llena de imaginación y fantasía. Y un año de estante tradición nacional.
Tres aspectos de esta novela pasaron luego a incorporarse a la novela social:
la concentración del tiempo (dos días y una mañana), la reducción del espacio
(Madrid, el café) y el protagonista colectivo.
1.2.-HACIA LOS AÑOS SESENTA
En los años cincuenta y sesenta empiezan a
publicar un grupo de poetas que nos proporcionarán los mejores versos de estos
últimos años: Ángel Gonzáles, José M. Caballero Bonald, Alfonso Costafreda,
José María Valverde, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de
Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines y Carlos Rodríguez. Casi todo
ellos empezaran escribiendo poesía social y pasaran, pronto, a escribir unos
versos mas irónicos, más esteticistas. Son poetas con una gran formación
cultural.
En la novela, 1961 es un año importante, pues
aparece "Tiempo de silencio", de Luis Martín – Santos. Esta cierra el
camino de la tendencia socialrealista y abre nuevos rumbos. Partiendo de una
concepción novelesca barojiana, Pedro, el protagonista, intelectual e investigador,
renuncia a una actividad con cierto futuro y se refugia en la autodestrucción.
En esta obra encontramos una desmitificación
sistemática de la realidad y una subversión de los valores utilizados por la
novela social para producir una versión esperpéntica y descoyuntada. Todo esto
narrado en un lenguaje innovador lleno de neologismos, cultismos, perífrasis,
interpolaciones ensayísticas. El mayor valor de esta novela radica en haber
logrado armonizar diversos hallazgos anteriores, con el fin de encontrar unas
nuevas formas de expresión más acorde con la realidad del momento.
Otras novelas interesantes son
"La saga – fuga" de J.B. (1972), de Gonzalo Torrente Ballester, que
transcurre en un ambiente fantástico y está escrita en un tono paródico.
"La verdad sobre el caso Savolta" (1975), de Eduardo Mendoza, que es
una mezcla de subgéneros (novelas de aventuras, eróticas, policíaca) escrita
con una técnica clásica, la de la picaresca, novela de muy agradable lectura.
1.3-ULTIMAS TENDENCIAS
Tras la muerte de Franco se pone
de moda la literatura de género: de aventuras, policíaca, erótica, femenina,
etc., quizá porque el lector estaba cansado de la narrativa estructuralista y
empachado de obras de tipo político. El gusto por los relatos con argumento,
donde se narra aventuras y sucesos, predominará durante estos años de la
transición; así, se traduce profusamente a autores como Stevenson, Melville,
Konrad y London. La literatura policíaca vuelve a reverdecer, y a las versiones
de Hammett y Chandler, entre otros, se unirán autores nacionales como Vázquez
Montalbán ("La soledad del manager", 1977; "Los Mares del
Sur", 1979; "Asesinato en el Comité Central", 1981; "Los
pájaros de Bangkok", 1983; "La rosa de alejandría", 1984, y
"El pianista").
Sociedad red
La sociedad red está conformada
por una estructura social, compuesta por redes activadas por tecnologías
digitales de la comunicación y la información basadas en la microelectrónica,
es decir, en los procesos que se llegan a aplicar a una secuencia para el
resultado final. La estructura social es el acuerdo organizativo del humano en
la relación con la producción, el consumo, la reproducción, la experiencia y al
poder expresado mediante la comunicación significativa codificada por la
cultura.
Anteriormente las redes eran una
extensión del poder centrado en lo alto de algunas organizaciones que
configuraron la historia de la humanidad.
Sin embargo, la cultura de libertad fue decisiva para producir las
tecnologías red, que sirvieron de infraestructura esencial para que las
empresas realizaran su reestructuración en términos de globalización,
descentralización y redes.
Nosotros vivimos en una sociedad
red, es decir, una sociedad construida en torno a redes personales y
corporativas operadas por redes digitales que se comunican a través de
Internet.
Esta estructura social es propia
de este momento histórico, es el resultado de la interacción entre el paradigma
tecnológico basado en la revolución digital y determinados cambios
socioculturales. Castells denomina esta primera dimensión a cerca de los
cambios «sociedad egocéntrica», o, en términos sociológicos, el proceso de individualización. Se trata de una
reinterpretación de las relaciones, incluidos los sólidos lazos culturales y
personales que podrían considerarse una forma de vida comunitaria sobre la base
de intereses, valores y proyectos individuales.
Sociedad y política
A diferencia de los sofistas, para quienes la
sociedad era el resultado de una convención o pacto entre los individuos, para
Platón la sociedad es el medio de vida "natural" del ser humano. Si
atendemos a las características de la vida humana, en efecto, podremos observar
que el ser humano no es autosuficiente, ni en cuanto a la producción de bienes
materiales necesarios para su supervivencia, ni en cuanto a los aspectos
morales y espirituales que hacen de la vida del ser humano algo propiamente
humano. Las tendencias que inclinan al ser humano al amor, a la amistad, a la
convivencia en general, son tendencias naturales, por lo que no tendría sentido
pensar que el medio, necesariamente social, en el que se desarrollan, fuera
algo no-natural. Esta teoría de la "sociabilidad natural" del ser
humano será mantenida posteriormente también por Aristóteles.
La vida social de los humanos
Por lo demás, forma parte de las
convicciones sociales, firmemente asentadas en la época, la idea de que la vida
del hombre se identifica, de alguna manera, con su vida social. El predominio
de la ciudad-estado como forma de organización de la vida social en Grecia
fortalecía el predominio de la vida comunal, hasta el punto de que difícilmente
se podría concebir la vida del hombre manteniéndose ajena al Estado; no
obstante, esa tendencia debía ser compatible con el individualismo que también
se manifiesta en la vida y en las tradiciones culturales griegas.
De ahí las similitudes que
establecerá Platón en la República entre la moral individual y la moral
colectiva, o entre el gobierno de los bienes individuales y el gobierno de los
bienes colectivos, que le permitirá comparar la naturaleza del hombre y la
naturaleza del Estado con el fin de avanzar en sus investigaciones. Además,
hemos visto que para Platón tenía que existir el Bien en sí (la Idea de Bien),
por lo que difícilmente la referencia del buen comportamiento del individuo
puede ser distinta de la del buen comportamiento del Estado. Tiene que existir
un único modelo de comportamiento moral. Y ese modelo ha de tener un carácter
absoluto.
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